ūüá¨ūüáĻ Guatemala: un volc√°n ūüĆč y una ciudad en p√°nico ūüėĪ

June 6, 2018

 

No eran las ocho de la ma√Īana del martes cuando el¬†Volc√°n de Fuego¬†(Guatemala) bram√≥ por primera vez. Los campesinos de El Rodeo que¬†hab√≠an salvado sus cosas y su vida,¬†volvieron a sentir el estruendo dentro del cuerpo solo dos d√≠as despu√©s. A esa hora de la ma√Īana¬†una nube negra se elev√≥ y qued√≥ prendida del cr√°ter.¬†Para los periodistas que terminaban sus informaciones del noticiero matutino fue la guinda perfecta a la conexi√≥n. Dos horas despu√©s se repiti√≥ la escena. Las autoridades han advertido de una "elevaci√≥n de la actividad explosiva"¬†del volc√°n y de la amenaza inminente de flujos pirocl√°sticos.

 

Por entonces los rescatistas ya trabajaban con un ojo puesto en la ceniza, que removían con ahínco buscando más cuerpos sepultados, y el otro en el coloso de casi 4.000 metros de altura que los volvía a amenazar de cerca. El nerviosismo se apoderó de la población y había quien proponía desalojar cuanto antes un lugar donde hasta el momento ha habido 75 fallecidos, casi 200 desaparecidos y miles de evacuados, mientras otros querían seguir hasta encontrar supervivientes durante las horas más cruciales.

 

Pero la tercera explosi√≥n fue la definitiva. Solo 48 horas despu√©s de que entrara brutalmente en erupci√≥n, comenz√≥ de nuevo el caos. Esta vez no fue una erupci√≥n, sino el movimiento del lahar, un flujo de sedimento y agua a altas temperaturas, a√ļn m√°s peligroso que la lava, que hab√≠a quedado blando desde la primera explosi√≥n, y que comenz√≥ a deslizarse ladera abajo por el cauce del r√≠o arrasando con todo lo que encontraba.

En ese momento cientos de miembros de protecci√≥n civil, militares, bomberos, ambulancias y campesinos comenzaron a correr en direcci√≥n contraria al volc√°n. Al mismo tiempo, el p√°nico se apoder√≥ de la ciudad de Escuintla, cabecera municipal del departamento que lleva su nombre, y que ejerce de centro de avituallamiento en las labores de b√ļsqueda.

 

Los rumores y los v√≠deos circulaban de boca en boca y de tel√©fono en tel√©fono alertando sobre la gran cat√°strofe que se aproximaba. ‚ÄúEl r√≠o de lava ya vine‚ÄĚ, dec√≠an unos; ‚Äúuna gran explosi√≥n se va a producir‚ÄĚ, comentaban algunos vecinos; ‚Äúla tormenta de fuego es inminente‚ÄĚ, a√Īad√≠an otros a la carrera. El p√°nico era visible en cientos de familias que metieron todo lo que pudieron en unas bolsas de pl√°stico y se echaron a la calle ante la llegada de un enorme r√≠o de lava.

 

Motos con cuatro pasajeros, camionetas atestadas de gente y autobuses repletos comenzaron un éxodo en pocas horas hasta vaciar a la carrera una ciudad de 200.000 habitantes. A bordo de los vehículos la población metió todo lo que pudo: familiares, maletas, alimentos, televisiones… Todos los comercios cerraron sus puertas y se evacuó una ciudad viva, industrial y bulliciosa que no descansa ni por la noche.

El bolet√≠n del instituto vulcanol√≥gico abon√≥ el p√°nico al anunciar que ‚Äúla actividad [del Volc√°n de Fuego] contin√ļa" y que no se descartaba la posibilidad de que se diese "un nuevo descenso de flujos pirocl√°sticos en cualquiera de las barrancas principales en las pr√≥ximas horas o d√≠as. As√≠ mismo, ante la presencia de lluvia en el √°rea volc√°nica, puede darse la ocurrencia de descenso de lahares‚ÄĚ.

 

‚ÄúLlevamos lo poco que pudimos cargar. Lo importante es salvar nuestra vida‚ÄĚ, explicaba sin dejar de caminar Felipe Camposeco. ‚ÄúLa televisi√≥n ha dicho que la lava est√° ya bien cerca y que nos vayamos cuanto antes. Lo √ļnico que lamento es no poder traer a mi madre conmigo. Es anciana, no puede caminar y yo no puedo cargar con ella‚ÄĚ, a√Īad√≠a acompa√Īado de su familia, todos ellos con un enorme bulto sobre la cabeza.

 

‚ÄúYo ya traslad√© a toda mi familia a un pueblo cercano a una hora de la Escuintla por si se cumple la advertencia de que ya llega la tormenta de fuego‚ÄĚ, explic√≥ Ricardo Valenzuela, mientras bajaba la cortina met√°lica de su muebler√≠a en el centro de la ciudad.

 

‚ÄúTenemos miedo, tenemos miedo‚Ķlo han dicho las noticias‚ÄĚ, repet√≠a sin parar de caminar Julio Ordices junto a su familia cargada de bolsas. Los Ordicies al completo hab√≠an decidido trasladarse a casa de unos familiares en un pueblo cercano. Sin dejar de andar junto a sus vecinos, Julio reconoc√≠a que desde la explosi√≥n casi no ha podido dormir ante el temor de una gran e inminente erupci√≥n.

 

‚ÄúLo vi en las noticias‚ÄĚ, ‚Äúme lo dijo un amigo‚ÄĚ, ‚Äúme lleg√≥ por el celular‚ÄĚ o ‚Äúse lo comentaron a mi hijo‚ÄĚ, dec√≠an casi todos los que hu√≠an. Pocas personas hab√≠an sido advertidas directamente por la Coordinadora Nacional para la Reducci√≥n de Desastres (Conred) para que evacuaran la ciudad. El temor a que una gran cat√°strofe estaba a punto de suceder se apoder√≥ del lugar.

 

Los vecinos que a√ļn dudaban de si hab√≠a llegado el apocalipsis confirmaron sus sospechas cuando al caer la tarde el cielo se puso a√ļn m√°s negro y empez√≥ a tronar y a llover con fuerza sobre la ciudad.

 

Fotografía: NASA/@officialpepe

 

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