ūüá¨ūüáĻ #FuerzaGuatemala ūü§ē Damnificados por #Volc√°nDeFuego ūüĆč buscan recuperar sus vidas


Miles de albergados tratan de continuar sus vidas a pesar de la tragedia causada por la erupción del Volcán de Fuego. Algunos pobladores regresan al lugar del desastre para intentar rescatar documentos y objetos personales.


Magda Helena Pascual espera noticias de su esposo en el albergue habilitado en el la Escuela Oficial Urbana Mixta Tipo Federación José Martí, en el centro de Escuintla.


La mujer cuenta que su marido regresó a la comunidad La Trinidad, de donde huyeron el día de la erupción del Volcán de Fuego el domingo 3 de junio, para recuperar documentos de identificación, títulos de propiedad, fotografías y certificados de nacimiento, entre otros bienes.


Estos papeles les ser√°n √ļtiles para los procesos de reclamo de sus familiares desaparecidos, as√≠ como para aplicar a eventuales programas de asistencia del Gobierno para los damnificados.


En una situación similar se encuentran varias familias de las comunidades La Reina y Sabana Grande, que también fueron evacuadas. Esperan respuestas del Gobierno, ya que sus viviendas, aunque fueron afectadas por la caída de ceniza, no fueron destruidas por los flujos piroclásticos.


‚ÄúNo nos han dicho si nos van a dejar regresar o qu√© va a pasar‚ÄĚ, dice Nicol√°s Ram√≥n Jim√©nez, otro vecino de La Trinidad. ‚ÄúAhora toca pelear con el Gobierno a ver qu√© se va a hacer, si van a comprar otra finca para que nosotros nos traslademos o c√≥mo le vamos a hacer‚ÄĚ.


En el sector del albergue asignado a los vecinos de La Trinidad solo se observan mujeres, personas de la tercera edad y ni√Īos. Seg√ļn cuenta Jim√©nez, esto se debe a que la mayor√≠a de hombres decidieron quedarse a cuidar sus viviendas, por temor a saqueos.


El poblador dice que la ceniza del volcán destruyó sus cultivos de café y maíz, por lo que se quedarán sin sustento en los próximos meses. Por esa razón, una preocupación general para los comunitarios es saber si les permitirán continuar trabajando sus tierras.

Pertenencias van a otro lugar


A 10 d√≠as de la tragedia, varios de los vecinos de las comunidades evacuadas tuvieron la oportunidad de regresar a sus casas para rescatar sus pertenencias; no obstante, seg√ļn cuenta Griselda Esperanza Arriaza, proveniente de la comunidad La Reina, los administradores del albergue les han pedido que las guarden en otro sitio.


‚ÄúMe estoy llevando estas cosas con un mi primo que vive afuera de Escuintla para que me las guarde‚ÄĚ, dice la mujer, mientras carga un saco rojo con ropa y otros enseres personales. Arriaza comenta que se mantendr√° en comunicaci√≥n con sus familiares para que le lleven lo que ella necesite.


El espacio dentro de los albergues es limitado y se reparte entre los insumos y provisiones, √°reas de aseo, y los 885 albergados, entre estos, 263 ni√Īos que habitan en forma provisional en la escuela Jos√© Mart√≠.


Continuar con sus vidas

Los damnificados que tienen empleos en la ciudad de Escuintla, la capital y los municipios circundantes tratan de continuar con sus labores cotidianas durante las ma√Īanas.

Adem√°s, hacen tiempo para darle seguimiento a sus casos ante las autoridades. La gente sale y regresa, pero luego de las 18 horas se restringe la salida y entrada a personas ajenas al albergue.


Grupos de voluntarios de iglesias, empresas privadas y organizaciones civiles hacen distintas actividades con los albergados, especialmente con los ni√Īos. Hay incluso un calendario con horarios para que todos los grupos tengan oportunidad de compartir con los damnificados.

Desalojo por cuenta propia


Los datos oficiales difundidos por la Coordinadora Nacional para la Reducci√≥n de Desastres (Conred) dan cuenta que, en los √ļltimos d√≠as, el n√ļmero total de albergados por la tragedia se redujo en 301 personas en los 17 centros que reciben a damnificados. Las autoridades en los albergues confirman que las personas optan por abandonar el centro para irse a vivir con familiares o amigos.


El delegado de Escuintla de la Conred, Pedro Pablo Granillo, asegura que esa decisión es por cuenta propia y que están en libertad de hacerlo. Explica que no quiere decir que los damnificados se queden sin ayuda, pues podrían seguir recibiendo víveres o ser recibidos de vuelta en los albergues si así lo desearan.


simismo, los damnificados quedan en una base de datos y podr√≠an aplicar en un futuro a programas de ayuda del Gobierno que dise√Īa la Secretar√≠a de Planificaci√≥n y Programaci√≥n de la Presidencia (Segepl√°n).


En ese sentido, Granillo tambi√©n reconoce que existe el fen√≥meno del "autoalbergue", que consiste en que un damnificado prefiera refugiarse con un conocido o familiar de confianza en lugar de algunos de los centros habilitados por las autoridades. ‚ÄúEs un trabajo por delante el que tiene la Conred, para concientizar de que se sigan los procedimientos‚ÄĚ, dice.


El autoalbergue le dificulta a las autoridades canalizar la ayuda a los damnificados,pues la mayor√≠a de estos albergues no oficiales se mantienen en el anonimato. Adem√°s, las tareas de b√ļsqueda de desaparecidos pueden complicarse.