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Poco a poco, como sucede todo en Indonesia, la ayuda humanitaria va llegando a las zonas de la isla de Célebes sacudidas el viernes por un terremoto y golpeadas luego por un potente tsunami.

Despu√©s de seis d√≠as sin comida ni agua, los convoyes con v√≠veres est√°n entrando en este remoto rinc√≥n del centro occidental de la isla, la cuarta mayor de este gigantesco archipi√©lago. Si en condiciones normales ya resultaba dif√≠cil acceder a esta parte de Sulawesi, como se llama la isla en el idioma local, ahora cuesta m√°s de 24 horas recorrer los 470 kil√≥metros que separan Palu, la ¬ęzona cero¬Ľ de la cat√°strofe, de la capital de la isla, Macasar, porque las carreteras est√°n bloqueadas por corrimientos de tierra. Muy lentamente, como sucede todo en Indonesia, el Ej√©rcito se est√° desplegando masivamente para impedir el caos de los primeros d√≠as, cuando los supervivientes de Palu se entregaron al pillaje tras quedarse a oscuras y sin v√≠veres ni gasolina. Tras unas primeras jornadas en las que el Gobierno indonesio parec√≠a noqueado por la cat√°strofe, los convoyes militares y de ayuda humanitaria abarrotaban ayer la carretera entre Palu y Donggala, otra ciudad a 34 kil√≥metros que hab√≠a quedado aislada. A lo largo de la ribera occidental de la estrecha y alargada bah√≠a de Palu, este trayecto es una ruta siguiendo el rastro de destrucci√≥n del tsunami, que barri√≥ pueblos enteros hasta reducirlos a los solares que son hoy. En Loli Saluram, justo en medio del camino, solo quedan en pie la mezquita y unas pocas casas, rodeadas de los escombros que provoc√≥ el terremoto y luego arrastr√≥ la fuerza de la corriente. Bajo un sol tropical que cae a plomo incluso aunque estemos ya a octubre, los supervivientes buscan sus pertenencias entre los cascotes. ¬ęEl tsunami lleg√≥ muy poco tiempo despu√©s del terremoto. El agua se retir√≥ tras el temblor y luego volvi√≥ con olas de varios metros¬Ľ, cuenta a ABCAlfin Hidayat, que tiene 18 a√Īos y estudia Comunicaci√≥n en la Universidad de Tadulako, en Palu. Junto a los ochos miembros de su familia, con los que viv√≠a en una casa en primera l√≠nea de playa, huy√≥ hacia un lugar elevado en el interior de la jungla, donde hoy siguen refugiados muchos damnificados por miedo a las frecuentes r√©plicas.

Aunque el joven y otros vecinos aseguran que no recibieron ning√ļn mensaje de alerta en sus m√≥viles, todos sab√≠an lo que se les avecinaba tras el potente se√≠smo: un tsunami. Por ese motivo, la mayor√≠a de los 1.200 habitantes de Loli Saluram escaparon con vida y solo ha habido que lamentar cuatro muertes, m√°s otros dos desaparecidos cuyos cuerpos a√ļn no han sido encontrados. La misma proporci√≥n se repite en otras localidades de la carretera a Donggala, lo que hace suponer que el tsunami no se ha cobrado tantas vidas como se tem√≠a en un principio. A tenor de las cifras oficiales, los fallecidos superan ya los 1.407 (cien m√°s que el d√≠a anterior) y aumentar√°n a medida que sigan las labores de desescombro. Pero parece que el mayor n√ļmero de muertos ser√° por el terremoto y en la ciudad de Palu, no en Donggala. Para mostrar su apoyo a los damnificados, el presidente de Indonesia, Joko Widodo, recorri√≥ ayer algunas de las zonas afectadas, su segunda visita tras la que efectu√≥ el domingo. Cuando su caravana, fuertemente escoltada, atravesaba Loli Saluram, se baj√≥ para saludar y repartir galletas entre los ni√Īos. ¬ęNecesitamos todav√≠a dos o tres semanas para evaluar los da√Īos y luego empezaremos la reconstrucci√≥n¬Ľ, declar√≥ a ABC mientras la multitud se agolpaba para besarle la mano. A pocos metros de la comitiva, el jefe del pueblo, Rauf Zaenudin, hab√≠a montado entre los escombros una tienda de campa√Īa para repartir agua y comida entre los vecinos. Tal y como reconoc√≠a, ¬ęla mayor parte de los v√≠veres que ha recibido hasta el momento ha venido de donaciones de particulares, no del Gobierno¬Ľ. En Indonesia, como en cualquier otro pa√≠s del mundo, los pol√≠ticos y sus promesas tambi√©n llegan antes que la ayuda humanitaria.

Mientras la vida va recobrando la normalidad poco a poco, como sucede todo en Indonesia, las gr√ļas empiezan a limpiar los restos del tsunami. Adem√°s de cascotes, coches y camiones arrastrados por las olas, algunos barcos est√°n varados entre los cocoteros y un puerto de mercanc√≠as ha quedado totalmente destruido. Con sus gr√ļas de carga en el agua y sus contenedores arrugados como si fueran de papel, es una de las estampas m√°s desoladoras junto a los solares a que han quedado reducidos algunos pueblos en la ruta del tsunami. Fuente: ABC sociedad