ūüĎ©ūüŹĽ Maria Winkelmann, la primera mujer ūüĒ≠ que descubri√≥ un cometa ‚ėĄ


Olvidada durante a√Īos por los genios de la astronom√≠a y las revistas cient√≠ficas, pese a ser una de las figuras claves de la profesi√≥n. Se llamaba Maria Winkelmann y su cometido fue, ni m√°s ni menos, que ser la primera mujer en descubrir un cometa, el C/1702 H1.

Su propio marido, el tambi√©n astr√≥nomo Gottfried Kirch, supo de este descubrimiento. √Čl mismo lo reconoc√≠a en uno de sus cuadernos privados: ‚ÄúDe madrugada el cielo estaba limpio y estrellado. Unos d√≠as antes observ√© una estrella variable, y mi mujer quiso buscarla y observarla por ella misma. Al hacerlo encontr√≥ un cometa en el cielo.

Al momento ella me despert√≥ y vi que, efectivamente, se trataba de un cometa‚Ķ Me sorprendi√≥ que yo no lo hubiera visto la noche anterior.‚ÄĚ

Unos d√≠as antes observ√© una estrella variable, y mi mujer quiso buscarla y observarla por ella misma. Al hacerlo encontr√≥ un cometa en el cielo. Al momento ella me despert√≥ y vi que, efectivamente, se trataba de un cometa‚Ķ Me sorprendi√≥ que yo no lo hubiera visto la noche anterior‚ÄĚ.

Kirch sent√≠a verg√ľenza de explicar a sus colegas cient√≠ficos de que un hallazgo de tal calibre lo hab√≠a descubierto su mujer. Por ello, desde el primer momento, se atribuy√≥ el m√©rito, asegurando que fue √©l qui√©n avist√≥ el cuerpo celeste con su telescopio. Pese a no estar de acuerdo con la mentira, su mujer no le recrimin√≥ nada, y se dedic√≥ a publicar otras investigaciones astron√≥micas en publicaciones alemanas.

Poco antes de morir, Gottfried quiso limpiar sus pecados y confesó la verdad. Además, animó a su mujer a que reclamara a la Academia de Berlín el título de Astrónomo Real por tan importante descubrimiento y por toda su trayectoria, entre la que también destacan elaborados trabajos sobre auroras boreales, la conjunción del Sol con Saturno y Venus, y la predicción de un nuevo cometa en 1711.

Gottfried confesó la verdad poco antes de morir

Pero la gran mayor√≠a de miembros de la prestigiosa entidad se negaron, poniendo como excusa que carec√≠a de estudios universitarios. Algo imposible de tener en la √©poca, pues estaba prohibido por el s√≥lo hecho de ser mujer. Algunos incluso, llegaron a decir p√ļblicamente que las palabras de su marido se deb√≠an a un desvar√≠o que dijo antes de morir.

Winkelmann no se dio por vencida y persistió en esclarecer la verdad. No obstante, nunca tuvo reconocimiento en vida. Eso no la alejó del mundo de la astronomía ni de la ciencia en general, pues siguió trabajando de ello hasta su muerte. Una pasión que también inculcó a su hijo y sus tres hijas desde la infancia.

En 1716, Christied fue nombrado director del Observatorio de Berl√≠n de la Real Academia de las Ciencias, puesto con el que trat√≥ de honrar la labor que su madre hab√≠a hecho durante todo este tiempo. Sus hermanas trabajaron codo con codo con √©l en la misma entidad durante m√°s de veinte a√Īos. Winkelmann falleci√≥ cuatro a√Īos despu√©s, en 1720, con la tranquilidad de ver como sus peque√Īos s√≠ hab√≠an podido cumplir su sue√Īo, a diferencia de ella.

Fuente: LA VANGUARDIA